La vida de Magdalena Sofía manifiesta sencillamente que "el corazón puede cambiar el mundo". Esta mujer, que nació en 1799, en un mundo en búsqueda de nuevos puntos de referencia, descubre que el Corazón de Jesús es la fuente de la renovación social y espiritual. Marcada por un jansenismo riguroso se dejó seducir por el amor compasivo de Dios y se entregó totalmente a Él.
Pionera en la educación de las niñas, intuye que una formación que brota de la interioridad puede unificar a toda la persona y comprometerla en la transformación del mundo.
La fecundidad apostólica de Magdalena Sofía se alimenta del fuego del amor, al igual de quienes han contemplado y dado a conocer el amor humano y divino del Corazón de Jesús a lo largo de la historia de la Iglesia.
El 8 de diciembre de 2024 sus reliquias fueron depositadas en el nuevo altar de la catedral de Notre-Dame de París.