Hay amores que se construyen en silencio. Y pueblos que desaparecen con el viento.
En Ventalia, el viento no es clima: es destino. Tomás siempre supo que moriría en la misma casa donde nació, reparando la misma grieta que su padre reparó antes que él. Elena, en cambio, creció mirando por la ventana, esperando algo que no sabía nombrar.
Cuando la tormenta corta el único camino al valle, Elena debe decidir si huir con su familia o quedarse con el hombre que aprendió a querer sin promesas. Tomás, mientras tanto, descubrirá que el silencio de una ciudad vacía pesa más que cualquier palabra.
Para lectores de Juan Rulfo y Mariana Enríquez. Una historia de arraigo, pérdida y viento