Negar la existencia del conflicto armado en Colombia, reducir a mero terrorismo la lucha de la guerrilla de las Farc durante cincuenta años -aunque hayan incurrido en acciones terroristas-, sirve a un objetivo político, pero empobrece la interpretación de nuestra historia. Las Farc se originan en un movimiento de resistencia de campesinos liberales a la violencia y el despojamiento de tierras por parte de los gobiernos conservadores a mediados del siglo pasado. Y a la traición a un acuerdo de paz de otro gobierno del Frente Nacional. En ese contexto, nace Pedro Antonio Marín, también llamado Manuel Marulanda Vélez y Tirofijo. Un niño campesino, hijo de campesinos -nunca dejaría de serlo- y nieto de un desertor de la Guerra de los Mil días. Hubiera sido, por su emprendimiento y su inteligencia silvestre, un comerciante próspero de Génova o del norte del Valle, con su ganado y sus cultivos, que tocaba el violín. Pero la historia de Colombia, una historia interminable de violencias que justifican otras violencias, le marcó otro destino, innegablemente legendario -para bien o para mal- que se confunde con una geografía y unas montañas. Seguir a distancia y sin prejuicios el periplo de ese personaje obligatorio, es el gran mérito de este libro.